sábado, 21 de marzo de 2020

Cuando el enojo gana. Parte 2


“Ya pasó y no pude decir nada, mejor lo supero, no era para tanto”

Como ya estarás intuyendo, ese pensamiento es una absoluta mentira, nosotros nunca olvidamos aquello que nos marcó de alguna manera; lo que nos lastimó quedará guardado en la parte reseca de nuestro interior y estará al pendiente para que, cuando alcancemos nuestro límite, sea su tiempo de salir y prácticamente escupir todo lo que no pudo antes de la forma que sea (que resulta ser siempre la menos conveniente, ni siquiera decente). Lo que nos propongo a todos es esperar un buen momento, ¡ojo! No que dejemos pasar cinco meses antes de hablarlo con la persona o con nosotros mismos, porque pues, a menos que el otro lado lleve un registro de cada una de sus acciones y palabras con fecha y hora, talvez ni lo recuerde.

Pocas veces he logrado hacer esto inteligentemente, pero esas pocas veces han sido muy sanadoras y me hacen sentir bien conmigo porque pude al fin darme mi lugar y expresarme; con esto no quiero decir que las cosas se solucionan mágicamente después, pero es una forma de echarle unas cuantas gotitas de agua a esa zona reseca del alma. Tampoco les mentiré diciendo que la otra persona solo asentirá a todo lo que digas y te pedirá disculpas porque el ser humano se defiende por instinto y lastimosamente muy pocos saben hacerlo sin recurrir a decirte lo que no les gusta de ti o les decepcionó en algún momento.

Esto es como un trueque, cuando expresas tu malestar sobre algo con una persona, debes preparar a tu corazón para escuchar lo que esa persona tiene que decir porque pues, eso es la comunicación; entonces te recomiendo (basada en mis errores anteriores) que no caigas en el juego de culparse entre ustedes o ver quién hizo peor, no llegas a nada y alimentas la molestia de no poder expresarte sin sentirte juzgado. Mi consejo sería que, cuando te digan lo que hiciste mal no caigas en la autocompasión e intentar justificarte porque “pobrecito tu” (he estado ahí, lo sigo haciendo y no deja nada cuando lo hago); y entonces puedes preguntarte si te estoy diciendo que sientes a ser señalado por tus errores, la respuesta es ¡no!

Lo que quiero para nosotros es que aprendamos a calmar nuestra respiración y escuchemos atentamente lo que esa persona nos dice para poder distinguir lo que hemos hecho con intención y lo que no, de forma que podamos disculparnos por esos fallos y explicar los malentendidos. A veces el orgullo no nos deja admitir nuestros fallos mientras reclamamos algo, pero eso no suele ser efectivo si tratas de sanar y nutrir la relación con esa otra persona; así que si me preguntas si te aconsejo dejar el orgullo para admitir tus fallos, la respuesta es sí.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Cuando el enojo gana. Parte 2

“Ya pasó y no pude decir nada, mejor lo supero, no era para tanto” Como ya estarás intuyendo, ese pensamiento es una absoluta mentira...