viernes, 20 de marzo de 2020

Cuando el enojo gana. Parte 3


“Ya está, ¡exploté! No es mi culpa, me llevaron a esto con tanta cosa”

Cuando no podemos evitar seguir los pasos hacia la explosión, por supuesto este termina sucediendo y es en ese momento en que, bueno, hay que proceder a la evaluación de daños; te aseguro que siempre encontramos cosas rotas y heridas en las personas con las que explotamos, así ellas nos hayan lastimando a nosotros, el mundo no puede regirse por un círculo vicioso de ser dañado y dañar en respuesta.

Por esto, en mi caso lo primero en la lista de cosas por hacer es dar un paso atrás y calmarme en solitario, cosa que mientras escribo esta entrada me encuentro haciendo y quiero decirles que: no lo hagan ¡por favor! Desde mis metidas de pata pasadas y hasta hoy, no he podido arreglar esta costumbre de huir cuando lastimo a alguien en medio de mi enojo; sin embargo, creo que hoy me ha llegado la iluminación de lo que debería realmente ser el procedimiento en estos casos.

En primer lugar, después de semejante explosión deberíamos respirar profundo y darnos tiempo a todos los presentes, a nosotros mismos para terminar de darnos cuenta de lo que hemos soltado y para darles a los presentes tiempo de procesar que acabamos de explotar. Una vez que hayas respirado profundo y, aun con tu corazón a punto de salirse del pecho, vamos a disculparnos por explotar de esa manera y pedir un momento a solas; yo entiendo que lo estoy escribiendo como si fuera una pacífica tarde picnic y no una discusión monumental la que hemos vivido, pero lo peor ya pasó y ya se dijo todo lo no debíamos decir sin filtro, así que deberíamos retroceder después de disculparnos para reflexionar lo que dijimos y volver a hablar con la o las personas una vez nos hayamos calmado.

Seré totalmente honesta contigo, hasta ahora, nunca me ha salido del todo bien la parte de disculparme primero y luego huir, pero es algo en lo que todos debemos trabajar si queremos mantener relaciones decentes con los demás; ya que escapar de nuestras acciones muchas veces genera malentendidos y rencores o dolor. Así que, independientemente de si nos sale bien o no ese paso (que la idea no es rendirse, es lograrlo) una vez que el enojo nos gana y explotamos, tenemos que buscar la manera de volver a la parte uno y después a la parte dos, debemos expresar lo que nos molestó en primer lugar y hablar con esa persona sobre ello.

Lamentablemente una vez que sucede, no hay más asumir las consecuencias y disculparse si lastimamos a alguien, para después tomar acción sobre la causa del mal. No parece nada bueno, pero muchas veces lo más lógico es lo que no logramos hacer para salir de los problemas; ese es mi caso y talvez sea el tuyo, por lo que solo nos puedo decir: ¡ánimo, respira y suelta lo que está molestándote!

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