“Ya pasó y no pude decir nada, mejor lo supero, no era para tanto”
Como ya estarás intuyendo, ese pensamiento es una absoluta
mentira, nosotros nunca olvidamos aquello que nos marcó de alguna manera;
lo que nos lastimó quedará guardado en la parte reseca de nuestro interior y
estará al pendiente para que, cuando alcancemos nuestro límite, sea su tiempo
de salir y prácticamente escupir todo lo que no pudo antes de la forma que sea
(que resulta ser siempre la menos conveniente, ni siquiera decente). Lo que nos
propongo a todos es esperar un buen momento, ¡ojo! No que dejemos pasar cinco
meses antes de hablarlo con la persona o con nosotros mismos, porque pues, a
menos que el otro lado lleve un registro de cada una de sus acciones y palabras
con fecha y hora, talvez ni lo recuerde.
Pocas veces he logrado hacer esto inteligentemente, pero esas
pocas veces han sido muy sanadoras y me hacen sentir bien conmigo porque pude
al fin darme mi lugar y expresarme; con esto no quiero decir que las cosas se
solucionan mágicamente después, pero es una forma de echarle unas cuantas gotitas
de agua a esa zona reseca del alma. Tampoco les mentiré diciendo que la otra
persona solo asentirá a todo lo que digas y te pedirá disculpas porque el ser
humano se defiende por instinto y lastimosamente muy pocos saben hacerlo sin recurrir
a decirte lo que no les gusta de ti o les decepcionó en algún momento.
Esto es como un trueque, cuando expresas tu malestar sobre algo con
una persona, debes preparar a tu corazón para escuchar lo que esa persona tiene
que decir porque pues, eso es la comunicación; entonces te recomiendo (basada
en mis errores anteriores) que no caigas en el juego de culparse entre ustedes
o ver quién hizo peor, no llegas a nada y alimentas la molestia de no poder
expresarte sin sentirte juzgado. Mi consejo sería que, cuando te digan lo que
hiciste mal no caigas en la autocompasión e intentar justificarte porque “pobrecito
tu” (he estado ahí, lo sigo haciendo y no deja nada cuando lo hago); y entonces
puedes preguntarte si te estoy diciendo que sientes a ser señalado por tus
errores, la respuesta es ¡no!
Lo que quiero para nosotros es que aprendamos a calmar nuestra
respiración y escuchemos atentamente lo que esa persona nos dice para poder
distinguir lo que hemos hecho con intención y lo que no, de forma que podamos
disculparnos por esos fallos y explicar los malentendidos. A veces el orgullo no
nos deja admitir nuestros fallos mientras reclamamos algo, pero eso no suele
ser efectivo si tratas de sanar y nutrir la relación con esa otra persona; así
que si me preguntas si te aconsejo dejar el orgullo para admitir tus fallos, la
respuesta es sí.