¿Te ha pasado alguna vez? Cuando la molestia se va acumulando por pequeñas inconformidades y termina explotando en todas direcciones alcanzo a las personas que se encuentren cerca de ti; en esos momentos, probablemente nos encontramos tan sumidos en nuestras propias razones para estar molestos que sentimos que no había remedio, que debíamos expresarlo tarde o temprano e intentamos recordar todo lo que pasó para justificar esa reacción.
Pues bien, si a ti no te ha pasado, ¡necesito que me des tus secretos y tips! porque a mi me sucede más seguido de lo que me gustaría.
En este primer post, no tengo la intención de darte soluciones porque yo misma sigo luchando por encontrarlas; pero lo que sí quiero dejar en este mensaje son mis reflexiones y consejos al respecto.
"Esto no me gusta, pero no creo que sea necesario
decirlo"
Muchas veces, esas explosiones de
enojo no son más que el cúmulo de pequeñas molestias que no me atreví a tratar
cuando las sentí. Muchas veces las personas tenemos muchas reservas para
expresar lo que no nos ha gustado que dijeran sobre nosotros o lo que hacemos o
lo que nos gusta, otras veces nos inquieta o incomoda una actitud pero no
tenemos el valor de decirle al responsable de esto; incluso, no somos capaces
de alejarnos de las situaciones que nos provocan molestias y, es precisamente
allí, donde está nuestra responsabilidad con nosotros mismos.
Es decir, si algo nos molesta, nos
incomoda o nos lastima ¿por qué deberíamos tragarme las palabras junto a la
molestia/tristeza? Pienso que el primer paso que damos hacia esas explosiones
de enojo es el callarnos. No quiero aparentar que yo sí logro decirlo y
poner una solución a esa situación para calmar mi molestia, ¡al contrario! Hasta
ahora mi marcador debe de ser 3 – 300 en lo que va del año, lo que poniéndolo
en porcentaje es un poco decepcionante; es tan solo un 1% de las veces en las
que he logrado decir exactamente lo que no me parece bien, contando también que
ese porcentaje se refiere únicamente a mi relación con las personas más
cercanas a mi, solo puedo decir: ¡rayos, necesito ayuda!
Este primer paso hacia la explosión puede ser solo mío, pero si
también pasas por él, el único consejo real y aplicable es trabajar día a día
en poner en palabras aquello que nos gusta, que nos ha dolido o nos ha
molestado; y sí, es completamente necesario que sea todos los días, porque
todos los días podríamos tener situaciones así y si las dejásemos pasar,
estaríamos comenzando a aumentar el marcador de las palabras no dichas, de las
veces que nos faltamos el respeto. A esto se suman, claro, las dificultades que
podemos presentar si tenemos problemas de confianza, autoestima o comunicación;
pero ¡oye! Al menos deberíamos comenzar con una mirada o mueca, para después ir
subiendo el nivel (como en un video juego, exacto) y para que no me
malentiendas, de una vez te digo que hay que decir las cosas, pero no
necesariamente hay que mentarle la madre a la persona o a la situación; créeme,
no te sentirás mejor si lastimas a alguien intentando expresarte, soy cliente fiel
de esa sensación y es espantosa.
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